La Sagra nunca defrauda. En busca del pingüino.

La Sagra, 2381 metros.Domingo 15 de febrero de 2009.
Un mes y medio despues de nuestra primera Sagra de esta temporada invernal volvemos para subir por una nueva via, la pingüino, de la que solo tenemos alguna referencia que hemos encontrado en internet. Aunque es muy conocida por los habituales de esta montaña nosotros no tenemos ni idea de por donde cae, así que siguiendo las referencias que tenemos, esta vez pasamos de largo y dejamos atrás la entrada al embudo, la gran puerta de entrada a la Sagra.

Una larga travesia lateral a la derecha del embudo nos acerca poco a poco a la primera referencia que nos indica estar en el camino correcto: el torreón, una aguja de roca con una forma característica.

Pasado el torreón continuamos la travesia lateral, siempre pegados a las paredes rocosas y con una nieve muy cambiante. En pocos metros vamos probando nieve blanda, nieve húmeda, nieve dura…

Por fin llegamos a una gran pala de nieve. Según las referencias de que disponemos lo que toca ahora es subir to tiesos parriba por la pala, directos a unos resaltes rocosos y de ahí a la cima.

Los resaltes rocosos comienzan a dejarse ver entre las nubes bajas que nos envuelven.

Siempre hay tiempo para fotos.

A medida que ganamos altura las nubes van quedando a nuestros pies.

Por momentos se aclara el panorama que tenemos por encima de nosotros y ya tenemos claramente a la vista los resaltes rocosos de los que nos hablan las referencias que tenemos de la via.

Se empieza a divinar el regalo que nos hará hoy la Sagra, mar de nubes.

En algunos tramos la pendiente se empina más y toca hincar un poquito la rodilla.

Al llegar a los resaltes de roca los superamos a través de un estrecho paso.

Y aunque pensábamos que ya estábamos cerca de la cumbre aún nos queda un ratito.

Pero ya se adivina el final del camino. Hemos salido de la umbria y de las nubes y el sol ya comienza a calentar. El viento comienza a soplar suave anunciando la proximidad de la cumbre.

El mar de nubes ya se revela claramente a nuestros pies. Una buena excusa para hacer una parada y recuperar el aliento.

Mientras, otros siguen hacia arriba.

Últimos pasos a la cima.

Cumbre, mar de nubes, sol, apenas viento…

Algunos han dormido esta noche en el hotel de las mil y una estrellas.

Otros recuperan el aliento.

Cumbre.

La tierra y el cielo a mis pies.

Otros aún quieren subir un poco más alto…

Esto está hoy muy concurrido. Venimos por todos lados, de la pingüino, del embudo, del bosque vertical… diferentes rutas para alcanzar un objetivo común, estar un poquito más cerca del cielo.

Toca despedirse de la Sagra y su mar de nubes. Vamos a bajar por el siempre cansino embudo, el camino más directo al coche.

En la pingüino teniamos nieve a manta pero el embudo está que da pena y vamos buscando toda la nieve que podemos para no destrozar los crampones.

Ya se divisa el final del embudo.

Acabamos de salir del embudo y ya tenemos cara de “deber cumplido”. Se ha acabado lo complicado.

Tan solo queda un largo descenso por un bosque con mucha nieve acumulada que por momentos nos recuerda a una postal canadiense.

Un último vistazo a la montaña que nunca defrauda. Hoy nos regalaste una bella ascensión y un espectacular mar de nubes.

Epílogo.

“La Sagra nunca defrauda”

No tengo claro si hemos llegado a encontrar la via pingüino. No dimos con la principal referencia que teniamos, un gran pino seco. Para mí que sí encontramos al pingüino, más arriba del gran pino seco. Que más da, es anécdotico. Lo que cuenta es que una vez más, la Sagra no nos defrauda. La última vez que la visitamos nos recibió con una furiosa ventisca azotándonos el rostro con un millar de cristales de hielo. Esta vez nos regaló el calor tibio del sol, que nos acogió por encima de las nubes. Los metros finales a la cumbre… mágicos.

Levanto la vista de la pendiente nevada que llevo mirando fijamente un buen rato mientras camino. La nieve ha cambiado de color y ya no es azul. Ahora es blanca por que la ilumina el sol. Se acabó la neblina que nos acompaña desde bien abajo. Miro arriba, el cielo es azul y claro. La cumbre se adivina próxima y aunque estoy cansado ya está casi todo hecho. Unos cientos de metros más y la pendiente se suavizará hasta allanarse. En mi mente suena constante un estribillo de una canción de Second que me dice que “para bien o para mal acelere mi corazón y quede inerte ante el calor y el dolor”. Me dice que me olvide del cansancio, que esto ya está hecho. Y después de cantarlo mentalmente unas doscientas veces llego a cumbre. La emoción gobierna el instante en que vuelvo a caminar en plano después de cuatro horas de hacerlo inclinado. La misma emoción que me está recordando por que subo montañas: para encontrar espacios inmensos, para ver las cosas desde arriba, para tener otra perspectiva… para… Qué se yo…

Second – Para bien o para mal.

Hay 2 comentarios

  1. Luiso

    Muy chula la entrada y la ascensión… creo que coincidimos ese día en la cumbre. Nos puedes ver aquí:

    Sagra generosa

    Un saludo y a seguir poniendo cosas… he llegado hasta aquí desde el blog de jasdenevada.

  2. joan

    Que mas da.. la via se llama pinguino… y si el pinguino, en este caso no lo encontraste otra vez si estara.
    saludos de uno de los tres que abrio la via


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