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Relatos de un fotografo de montaña

CÓMO SE HIZO… la fotografía Luz de frontal…

Julio de 2011

Ecrins – Alpes franceses.

Objetivo: La Barre de Ecrins – 4101 mts

La actividad está previsto hacerla en tres jornadas. En la primera de ellas hay que realizar la aproximación al refugio del Glacier Blanc donde pasaremos la primera noche de estos tres días…

Parking del refugio de Cézanne (1874 mts), cerca de Ailefroide y su paraíso de la escalada en roca.

Es media tarde cuando llegamos al parking y cae una fina y persistente lluvia mientras nos colocamos a toda prisa las mochilas y los goretex para subir al refugio del Glacier Blanc, a 2550 mts de altitud. Un empinado sendero nos lleva hasta el refugio en poco más de una hora y media al tiempo que la lluvia da paso a la nevada. La subida al refugio, aproximadamente a partir de la mitad del camino, la realizamos envueltos en una espesa niebla. No vemos más allá de diez o quince metros al tiempo que la nevada arrecia. Cuando por fín llegamos al refugio, mojados y con frío, no vemos absolutamente nada del paisaje que tenemos a nuestro alrededor, tan solo un manto gris lechoso que lo envuelve todo. Definitivamente estamos “dentro de las nubes”.

Ya en el refugio, atestado de gente, nos cambiamos rápidamente a ropa seca y hacemos vida refugiera hasta la cena a las 20 horas, charlar, charlar y charlar. Tras la cena a la cama porque a las 3 AM se toca diana, se desayuna y comienza la jornada alpina.

3 AM. De dormir, poco. Casi nunca consigo dormir bien en un refugio y eso que estos de los Alpes parecen hoteles. Sé que estamos en luna llena y que, si la niebla se ha retirado, podría tener una oportunidad para hacer una buena foto nocturna con el apoyo de la luz de la luna así que me visto muy rápido y salgo al exterior, a la puerta del refugio, con la cámara en la mano. En la terraza del refugio la sorpresa es monumental, donde ayer todo era niebla espesa ahora aparece frente a mí el Pelvoux, una mole de hielo y roca de 3943 mts de altitud, suspendido sobre un paisaje fantasmagórico de mar de nubes iluminadas por la luna llena. Mi corazón se acelera, soy consciente de que tengo un par de muy buenas fotos al alcance de  la mano y de que tengo muy muy poco tiempo porque mis compañeros ya se están colocando los arneses para salir y comenzar la actividad. Fotografío el Pelvoux con un minitrípode que llevo en la mochila y cuando ya tengo hecha esa foto aparece otro regalo inesperado, otra foto, “luz de frontal”. Una cordada está ultimando sus preparativos en la terraza del refugio para iniciar la jornada de alpinismo. Dentro de unos minutos se adentrarán en el glaciar, un mundo hostil de grietas profundas y heladoras en la oscuridad de la madrugada. Se masca  la tensión, el que parece dirigir al grupo les habla con firmeza y rápido. No entiendo nada porque habla en francés pero es como si les estuviera metiendo prisa pues se están terminando de pertrechar a toda velocidad. Y “veo” la foto, veo “luz de frontal”. Veo una cordada a punto de salir y el Pelvoux detrás, veo sus rostros nerviosos. Están a escasos dos metros de mí y si les fotografío se van a dar cuenta y no sé si les va a venir bien o no. Por otra parte mis compañeros están ya en la entrada del refugio apremiándome. Todavía no me he puesto ni siquiera el arnés y ellos ya están listos para salir. Mi corazón continúa acelerando, ahora o nunca, si se enfada el francés autoritario mala suerte. Está justo frente a mí, un tipo de pelo canoso con un goretex azul y cara de pocos amigos. Espero a que no me mire. Acerco la cámara a mi rostro, es una réflex grande difícil de ocultar, encuadro, abro el flash y en ese momento uno de ellos se percata y me mira apuntando directamente a mí con su frontal. Disparo, foto hecha. Me meto muy rápido al refugio a colocarme el arnés y los crampones. El tipo no ha dicho nada. Acabo de captar el instante de Luz de frontal.

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